¿Cuál era entonces mi yo verdadero?
El del fondo del lago o este arrodillado en las rocas.
Parecía diferente, parecía alguien que se mueve con el agua, que no teme y se adapta.
Más, en cambio, este que lo observa de afuera está rígido y sin la seguridad de saber nadar.
Si existe ese yo del lago, espero pueda, en algún momento, salir de allí y unirse a este yo, que después de tanto tiempo, parece dividido en dos vidas, en dos yos.
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